(a veces leo cosas que he escrito aquí y me sorprenden tanto que a veces pienso que no sé quién demonios soy. Esta de Sigil #1 quedó bien pero no la continué y así imagino que tantas y tantas. El horror. Ja)
…vi un documental sobre vampiros.
Y he decidido que quiero que me entierren pronto.
Que me entierren como se hacía con los que rechinan los dientes en tinieblas. Con los que vuelven de debajo de la tierra y escarban con sus manos y arañan con garras.
Y rechinan esos dientes allí abajo en la oscuridad húmeda y terrosa de la tumba. Porque de allí volveré y me beberé vuestra sangre y me comeré vuestras entrañas.
Como rafael que me llamo que juro por todos los Dioses que lo haré.
Rechinaré y escarbaré. Y saldré y olisquearé el aire fresco del amanecer. Pensaré “tengo hambre” y en un breve y delicioso momento paladearé el sabor metálico de la sangre en el fondo del paladar. Después sentiré las entrañas como de vitriolo e hiel y mis ojos arderán con el fuego de mil infiernos. Perros y los gatos aullarán/gemirán a mi paso y el otoño se enroscará en mis pies con ocres y musgo y verdes y piedras húmedas que cuando las giras debajo hay gusanos y caracoles vacíos (y de fondo se oyen risas de niños en el campo, recogiendo ramitas de pajas y buscando nidos en las copas).
Sonreiré en las sombras mientras miro el atardecer campar a destajo a mí alrededor y soñaré con guerras y emperadores. Porque yo soy el emperador de los helados. Porque soy Ralph Fiennes en Dragón Rojo con Blake tatuado en la espalda entera mientras aúlla “i am becoming”. Porque soy andréelterrible en un viejo y desgastado vestuario, vendándose las manos y calzándose sus viejas botas de combate y pensando que sí, que está muy mayor para todo esto, pero qué todavía puede llegar a la puerta que conduce al camino dorado del maravilloso mundo de Oz…
…pero…
…sembraré tus campos con ceniza y sal y desmembraré tus animales y les comeré el corazón a tus hijos. Y mientras lo hago cantaré y murmuraré por lo bajo viejas canciones dulces de amor y destierro, de postres maravillosos y adorables dorados atardeceres. Y sonreiré desde las tinieblas.
Y cuando termine te/os esperaré detrás de la puerta y antes de que puedas decir “he llegado” me abalanzaré como si no hubiera un mañana, porque sabes, mírame pordiosanto, que me mires a la cara cuando te hablo (y le cojo la barbilla) que me mires te digo, y me abalanzaré y te desgarraré el cuello como si no me importara lo más mínimo, porque para mi nunca ha habido ni nunca habrá un mañana, y allí en el suelo de la cocina te comeré el corazón y me beberé tu sangre. Y mi lengua se paseará por tus labios y tu cuello y libaré en tu néctar con todo el amor del/mi mundo.
Porque los vampiros, los monstruos, los habitantes de la esquina, porque todos nosotros roemos en la oscuridad, sacudimos los huesos desde el fondo de la tumba y volvemos. Siempre volvemos.
…
Así que he pensado que lo mejor es que me entierren bien hondo como se hacía antes.
Con una piedra plana entre los dientes que me impida roer bajotierra. Y unas grandes losas en las caderas y en los hombros.
Y si tenéis lo que hay que tener, cortadme la cabeza.
Cortadme la maldita cabeza y la ponéis entre mis rodillas.
Pero aún así. Aún así, lo juro por todas las hermosas canciones jamás escritas, aún así os miraré desde allí abajo.
Siempre con los ojos abiertos. Desde allí abajo, en la oscuridad. Os miraré.
Roe, roe, roe. Roe.
